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Escrito por Administrator   
Domingo, 11 de Enero de 2015 13:23

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El Enojo Del Ángel

 

Había concluido el último ensayo del primer villancico de la historia, y uno de los ángeles cantores estaba vivamente enojado. Durante los ensayos precedentes, había estado observando la ciudad de Belén y visto cómo sus habitantes trataron a María y a José horas antes del nacimiento del Hijo de Dios, su Señor, y su actual precariedad en el establo.

Nuestro ángel estaba como ausente mirando a la Tierra con las manos crispadas que cubrían las alas para que no se notara su enfado. Sus compañeros ultimaban los detalles para bajar a la Tierra cuando él, no pudiendo aguantar más, se acerca al ángel director del coro y le dice en un aparte:

- ¿Sabes una cosa? Estoy tan enojado por lo que pasa en la Tierra, que voy a contárselo al Señor.

- Muy bien; pero no tardes. Ya ves que estamos a punto de bajar a Belén.

- No tardaré; será sólo un momento.

Con la rapidez del pensamiento, el ángel se presentó ante la majestad de Dios Padre, doblando la rodilla e inclinando la cabeza con elegante sumisión.

- Señor...

- ¿Qué quieres?

- Mira, Señor. Vengo del coro que está a punto de bajar a Belén y ¡estoy muy enfadado!

- ¿Y por qué estás tan molesto? ¿Qué ocurre?

- ¿Sabes, Señor? Durante los ensayos he estado observando la ciudad de Belén y lo que pasaba por allí y...y no puede ser!

- ¿De qué se trata?

- De tu Hijo, Señor... que en Belén no tiene casa, y ha nacido en... ¡en un establo! ¿Me das permiso para provocar un terremoto que derrumbe hasta los cimientos todas las casas del pueblo? ¡Así se darán cuenta de lo que han hecho!

- No, no. Permiso denegado. Eso no.

- Tu mandas, Señor. Pero... Tu Hijo, Señor, ¡no tiene ni una cuna! ¡Su madre ha tenido que colocarle en un pesebre! ¿Me dejas que provoque un incendio que queme todos los bosques de la zona y se queden sin madera durante cincuenta años? Así los belenitas se darán por enterados.

- No, no. Eso tampoco.

- Perdona, Señor, pero he visto que tu Hijo... ¡tiene frío! ¿Permites por lo menos que -salvando el portal que mantendré calentito-, envíe una intensa nevada que cubra todas la casas del pueblo para que sufran todos las molestias del frío?

- No, no seas vengativo. Esto no está bien.

- Bueno. Te obedezco, Señor. Pero... permíteme, Señor, hacerte una última petición. ¿Sabes? En la ciudad de Belén ha habido algunos que, conociendo a María y a José, no han querido recibirlos en su casa. ¿No te parece que se han ganado que les envíe a los soldados romanos para castigarlos? ¡Lo tienen bien merecido!

- No, no. Mira, te voy a decir el porqué de todo esto para que te quedes tranquilo. Todo, absolutamente todo lo que ocurre en Belén, está previsto para que todas las generaciones de los hombres que vivirán en la Tierra hasta el final de los tiempos, aún los más pobres de los pobres, puedan acercarse sin miedo a Jesús y con Él poder llegar hasta Mí. ¿Comprendes?

- Oh sí, Señor... lo comprendo. Perdona, perdona mi torpeza.

- Anda, ahora vete contento a cantar.

El ángel saludó con reverencia y fue a reunirse con el coro que estaba a punto de empezar la primera canción al Niño Dios.

El villancico llenó los aires y resonó por las montañas de Belén. Nuestro ángel cantaba tan dichoso y puso tanto amor, que el Niño Jesús, que estaba encogido por el frío en el pesebre, al acabar la última estrofa, giró su cabecita y, mirando al ángel... le sonrió!

F. Morera

 

 

 
AMESA - Associacio Ment Sana Alcasser (Valencia)