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Domingo, 26 de Junio de 2011 11:12

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Reconozca la violencia psicológica

 

La violencia psicológica es un conjunto de comportamientos que se traducen en agresión y grave daño a su víctima, y de la cual el agresor puede o no tener concienca.

Este tipo de violencia implica coerción, frecuentemente anuncia violencia corporal y muchas veces es peor que la violencia física. La violencia psicológica se acentúa con el tiempo y cuanto más persiste, mayor es el perjuicio. Este tipo de maltrato produce un desgaste en la víctima que la incapacita para defenderse. (la victima llega a enfermar).

Esta violencia tiene mil caras, algunas, difíciles de visualizar.

Estas son sus modalidades:

1.- Maltrato psicológico. Tiene una faceta activa y otra pasiva. El maltrato activo es el trato degradante y continuo que ataca la dignidad de la persona. Los malos tratos emocionales son difíciles de detectar, porque la víctima, frecuente, no toma conciencia de que lo es.

Otras veces toma conciencia, pero no se atreve o no puede defenderse y no lo comunica o pide ayuda. El maltrato pasivo consiste en la falta de atención hacia la víctima cuando esta depende del agresor, como sucede con los niños, la pareja, los ancianos y los discapacitados o cualquier situación de dependencia de la víctima respecto al agresor. Esto es fácil de ver en asilos, orfanatos e incluye a las familias en las cuales hay poca atención a algunos de sus miembros, incluso por la ausencia física o emocional de alguno de los padres (pareja) o hijos.

2.- Acoso psicológico. Es la forma de violencia que se ejerce con una estrategia, una metodología y un objetivo para conseguir la destrucción moral de la víctima.

Acosar psicológicamente a una persona es perseguirla con críticas, amenazas, injurias, calumnias y acciones que pongan un cerco a la actividad de esa persona, socavando su autoestima e introduciendo en su mente malestar, preocupación, angustia, incertidumbre extrema, dudas y culpabilidad.

En estos casos existe un elemento afectivo, que impulsa la conducta de dependencia en la que el acosador depende emocionalmente de su víctima, hasta el punto de hacerle la vida imposible. Acosar así despoja a la víctima de su intimidad, tranquilidad y el tiempo necesario para llevar a cabo sus actividades, ya que el acosador la interrumpe constantemente con sus demandas inoportunas y agobiantes.

Si la víctima rechaza someterse a esta forma de acoso, a veces el verdugo se queja, llora, se desespera, implora, amenaza con retirarle su afecto o con "cometer una tontería" y añade el chantaje afectivo a la estrategia de acoso.

3.- Manipulación mental. Es la forma de violencia que desconoce el valor de la víctima como ser humano en lo que concierne a su libertad y a su autonomía, al derecho a tomar decisiones propias sobre su vida y de sus valores. La manipulación mental puede comprender el chantaje afectivo. Las tácticas incluyen amenazas y críticas que generan miedo, culpa o vergüenza, encaminados a movilizar a la víctima en la dirección que desea el manipulador.

Otras formas de violencia psicológica son tan sutiles y elaboradas que se disimulan y ocultan entre las fibras del tejido social. Una modalidad de agresión de este tipo es la que muchos agresores ejercen disfrazándola de protección, buenas intenciones y atenciones, como la que ejercen las personas sobreprotectoras sobre sus protegidos.

Así, les rodean de mimos y cuidados, pero no les permiten desarrollarse como personas autónomas; no admiten que ejerzan el derecho a la libertad, ni les permiten escapar del entorno artificial que han fabricado para ellas.

Si sufre usted en silencio o conoce a alguien en esta situación en espera de que las cosas se solucionen por sí mismas, con la expectativa de que su verdugo deponga espontáneamente su actitud o de que alguien acuda en su ayuda, no le quepa ninguna duda: usted es una víctima de la violencia psicológica. Un niño psicológicamente maltratado desarrolla una personalidad de maltratador por u lo que el patrón de conducta agresiva se repite hasta que alguna circunstancia rompa la cadena.

 

No reprimas la agresividad, encáuzala!

 

Finalmente, pensemos que la agresividad actúa de manera similar a la corriente de un río, y aunque podemos optar por varias soluciones, como secar el río, dejarlo correr libremente, oponerle una corriente de agua en sentido puesto, construir un dique e impedirle el paso, la mejor de las soluciones consiste en encauzarla (abrir canales para enviar el agua hacia fines productivos como el cultivo) a fin de obtener resultados positivos y una mejor convivencia. 

 

 

 
AMESA - Associacio Ment Sana Alcasser (Valencia)