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Lunes, 25 de Junio de 2012 07:23

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La Comunicación

 

Una de las cosas más difíciles entre los seres humanos es la comunicación, a pesar que aparentemente hablamos lo mismo o sobre el mismo tema. Y es que en el fondo cada uno de nosotros tenemos una “película” interna sobre la que reaccionamos y sobre la que vamos dando sentido a lo que va pasando.

Por ejemplo, si dos personas hablan sobre una flor, estarán de acuerdo sobre lo que es esta flor pero cada uno tendrá en mente a una flor diferente, en un espacio diferente y es allí justamente donde “no se comunicarán” pues uno creerá que el otro entiende o sobreentiende lo que se dice.

Si a esto le sumamos puntos de vista diferentes en los cuales nos sentimos descalificados, minimizados, agredidos o burlados, entonces se desata una suerte de reacciones que terminan, en la mayoría de los casos, en pleitos serios, sentimientos de dolor, rabia y una suerte de odio que en muchos casos genera serios resentimientos.

Cuando las personas discutimos sobre un tema, por lo general no discutimos sobre el tema únicamente sino que sentimos que nos están juzgando a nosotros como personas y que eso es insoportable. No hacemos la diferencia entre “el tema en discusión” y la persona con la que hablamos.

Esto tiene sus orígenes en la infancia pues cuando éramos niños, mentíamos si nos llamaban la atención por algo. Y es que en realidad nos estaban cuestionando a nosotros mismos y nos sentíamos poco amados.

Problemas a superar para que se dé el diálogo

1. Personas dominantes con facilidad de palabra

Cuando hay muchas opiniones puede haber frustración y ansiedad. Algunas personas pueden hablar con facilidad y volverse dominantes; y otras pueden contenerse temerosas de quedar mal.

2. Impulso y compulsión para hacerse escuchar

Otra dificultad es el impulso y la compulsión por hacer escuchar sus puntos de vista, lo cual quita tiempo para absolver y ponderar lo que se dice.

3. Razones para sentirse así

Cuando uno tiene rabia hay un momento en el que has tenido una razón parta tenerla. Sin embargo sueles aclarar la razón de tu rabia pero decides seguir con la rabia.

4. Violencia en las opiniones

Suele haber mucha violencia en las opiniones que defendemos. No son meramente opiniones sino son supuestos con los cuales no sentimos identificados y que por lo tanto defendemos pues es como si nos estuviéramos defendiendo a nosotros mismos.

5. Actitud defensiva

Mientras uno tenga una actitud defensiva, aferrándose a supuestos y diciendo “debo estar en lo correcto”, la inteligencia es muy limitada. Ser inteligente requiere no defender supuestos. No vas a imponer tus opiniones a ti pareja. La verdad no surge de estas, debe surgir de un movimiento más libre.

6. Ceguera sobre el pensamiento y sentimientos del otro

Hay personas que son incapaces de ponerse en los sentimientos y en el pensamiento de la otra persona. Tratan de hacer que el otro funcione con “mi lógica” y a raíz de mis sentimientos.

7. Sensibilidad

Es la capacidad de ver, de darse cuenta, de sentir, de percibir que algo está ocurriendo, sentir el modo en cómo respondes, el modo cómo otras personas te responden, sentir las sutiles diferencias y similitudes. El sentir todo esto es el fundamento de la percepción. Los sentidos te aportan información, pero tienes que ser sensible a ello o no lo vas a saber reconocer. Si conoces bien a alguien podrías pasar a su lado en la calle y decir “lo vi”. Si te preguntan qué ropa llevaba esa persona, es probable que no lo sepas porque no miraste realmente. No fuiste sensible a todo ello si solo la viste a través de del pensamiento.

TIPS:

- No acumular tensiones, rencores ni malos pensamientos sobre alguien. Si se guarda durante un tiempo, se habrá envenenado en el interior y cuando uno explota, lo hace sin control.

- Observar si casi siempre se discute sobre los mismos temas y utilizando los mismos argumentos. Si esto ocurre es porque cada uno se cierra en un único argumento, no se ven las cosas desde la óptica del otro, y así es imposible avanzar y encontrar alternativas. Hay que ser empático.

- Cuando algo es ya irreversible, no tiene remedio, es absurdo seguir discutiendo. Se puede demostrar el enfado o disgusto y después tratar de calmarse reservando las energías para encontrar alternativas que ayuden a remediar un poco las consecuencias, los resultados negativos.

- Centrarse en el problema, no saltar de un tema a otro, porque se mezclan sensaciones pasadas de acontecimientos por los que se discutió en otras ocasiones. Al olvidar el tema central de la discusión, uno se enzarza en mutuas recriminaciones del pasado y sólo interesa recordar al otro sus errores y que se sienta mal consigo mismo.

Esta actitud es frecuente entre personas que no quieren admitir sus errores y al verse acorraladas por las razones concretas del otro, miran para otro lado, trayendo a colación cosas de anteriores discusiones que le beneficien, aunque no tengan que ver nada con el tema objeto de las discusión actual.

- Siempre es fundamental controlar las emociones y respirar más hondo y procurar conservar la calma cuanto más irritable, nervioso y desafiante esté nuestro interlocutor.

- Dejar claro que no hay la menor intención de hacer ningún daño al otro. Por eso es tan importante cuidar las palabras, el tono de voz, los gestos.

- No aprovechar la ocasión para hacerse el mártir y recordar al otro tus desvelos, detalles y renuncias, como si pretendieras que te dé la razón a cambio de “lo mucho” que te debe.

- Si tras una discusión acalorada no sólo no logramos convencer a la persona inteligente que tenemos enfrente, sino que la reducimos al silencio, la dejamos sin palabras, lo más probable es que hayamos perdido a un amigo o conseguido un enemigo.

 

 

 
AMESA - Associacio Ment Sana Alcasser (Valencia)