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Viernes, 21 de Diciembre de 2012 09:08

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Haz Que Tu Ser Vuelva Al Presente

 

No estamos muy alerta: pensamos mucho en el pasado, también mucho en el futuro y la vida entera se nos va en ese pensar. Entre ambos, el pasado y el futuro, queda aplastado el presente, convirtiéndose en algo casi invisible. Lo auténtico se convierte en pequeño y lo falso crece mucho.

Si nos fijamos bien, el pasado es muy largo: en primer lugar, tu pasado; luego, el pasado de la sociedad; después, el de la humanidad; después, el de la vida sobre la tierra y también el de la propia tierra; después, el del Sol, la Luna y las estrellas: es infinito. Al igual que el futuro: no acabará nunca.

El presente, comparado con el pasado y el futuro, casi se queda en nada; es sólo un pequeño punto atómico y casi queda perdido entre aquellos dos. Sin embargo, es la única realidad; todo lo demás es irreal comparado con él.

Si miras a una rosa, la verás ahora, en este instante. Si la hueles, la olerás en este instante. Si la sientes y la tocas, lo harás en este instante. No puedes tocar la rosa en el futuro y no puedes olerla en el pasado. Pero si empiezas a pensar en el pasado y en el futuro, entonces la rosa está ahí y, sin embargo, no lo está; desaparece.

Medita sobre esto: estás frente a una rosa, una hermosa rosa. Está ahí, la fragancia se transmite a tus fosas nasales, te deleitas en su aroma. Entonces haz entrar el pasado. Piensa en algo del pasado: alguien te insultó ayer o anteayer. O piensa en un incidente de tu infancia; tu madre te estaba pegando. Lo evocas y de pronto la mente se queda nublada. Ahora no sentirás tanto la presencia de la rosa. Todavía está ahí, la misma flor, pero tú ya no estás allí; estás distraído, te has vuelto nebuloso, brumoso. Una pantalla de recuerdos se ha interpuesto entre tú y la rosa.

O piensa en el futuro: algún plan, alguna fantasía, algo que quieras hacer mañana, y la flor se desvanece, se marchita poco a poco. Cuanto más te adentres en tus pensamientos, más se aleja la flor.

Sal de tu pensamiento y verás despejado el cielo, las nubes han desaparecido y vuelve la luz del sol y la presencia de la rosa; puedes olerla de nuevo. Mientras estabas pensando en el pasado y en el futuro, el olor todavía estaba llamando a las puertas de tu nariz, pero no estabas disponible. El color de la flor todavía estaba llegando a tus ojos, pero tú no estabas allí. Era como si estuvieras mirando a través de un cristal oscuro; las cosas quedan difuminadas, confusas, una neblina te rodea.

La labor de meditar no es más que esto: cómo llegar a estar totalmente presente en el presente. Cómo recogerse uno mismo en el momento. Así todo es hermoso. Así, caminar es meditación, sentarse es meditación, hablar es meditación, escuchar es meditación; porque, camines o te sientes, siempre es ahora; estés callado o hablando, siempre es ahora. Sólo existe un momento. Ahora es la eternidad.

Permite que sea ésta la clave. Tienes que trabajar en ello, tienes que hacer funcionar esta idea cada vez más. En cualquier cosa que hagas, una y otra vez lánzate hacia el presente. Al principio la mente se rebela, se resiste; los viejos patrones son fuertes, los viejos hábitos siempre te arrastran. Pero, poco a poco, a medida que vaya adentrando el gozo del presente, a medida que vayas estando cada vez más colmado con él, a medida que descubras la alegría que surge de él, del silencio y la celebración; se irán rompiendo los viejos patrones, desaparecerán los viejos hábitos.

 

 

 
AMESA - Associacio Ment Sana Alcasser (Valencia)