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Lunes, 07 de Abril de 2014 07:45

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Sobre la Dualidad

Blanco y negro, bien y mal, masculino y femenino, día y noche… así infinitamente. ¿Cómo entendemos la dualidad nosotros, pobres humanos divididos entre nuestros impulsos y nuestra conciencia, entre la mente y el corazón, entre el debo y el quiero, entre lo que viene de dentro y lo que viene de fuera? Entender la dualidad humana como necesaria y complementaria es un viaje tumultuoso de largo recorrido, y muchos sucumben antes de llegar a su fin.

Hay momentos en la vida en que creemos ser contradictorios, extraños a nosotros mismos, y nos encontramos divididos sin saber qué hacer al respecto. Aparecen caracteres en nuestro interior que jamás hubiéramos pensado estar alimentando… ¿Cómo podemos ser héroe y villano al mismo tiempo, ascetas y faunos, místicos y asesinos? ¿Cómo podemos tener ciertos pensamientos, ciertos deseos? Eso no es propio de mí… Pero podemos. Y los tenemos y lo somos. Nos guste o no. Ahí está la maravillosa complejidad del ser humano.

Leía el otro día de un señor del que me he hecho muy amiga en estos tiempos, el doctor Joan Corbella, que la primera lealtad es la de uno hacia sí mismo (adapto parte del texto):

“Muchas de las situaciones de conflicto interior de un individuo parten del enfrentamiento entre dos fuerzas internas poderosas y antagónicas: la visceralidad o espontaneidad y la responsabilidad, voluntad o capacidad para decidir individualmente. Desde ambas podemos entender la relación que hay entre la manera de ser y la acción que se ejecuta.

De alguna manera, somos fieles a nosotros mismos (aunque no lo queramos) en nuestros comportamientos espontáneos o impulsivos. En cambio, para ser leales a nosotros mismo en aquello que queremos ser hay que actuar de forma voluntaria, responsable y, muchas veces, esforzada.

El círculo se cierra cuando nos damos cuenta de que, a medida que somos capaces de condicionar nuestras acciones a nuestra voluntad, vamos adquiriendo ciertos patrones de comportamiento de manera espontánea y personal, de manera que cuando hacemos lo que “queremos hacer” no actuamos de forma diferente a cuando hacemos lo que “debemos hacer”. Cuanto más nos esforzamos, más fácil nos resulta.

Admitir nuestra parte de seres incontrolables es un paso hacia la fidelidad que es consecuente con nuestra condición humana, así como lo es la aspiración de conseguir ser fieles a nuestras ideas, propósitos y creencias, lo cual nos ennoblece. El Yo suma ambas condiciones, ya que tanto la una como la otra son patrimonio de nuestro ser y dimensiones respetables de él.”

Personalmente, no deja de fascinarme la profundidad de nuestra propia naturaleza, ni lo poco que en verdad sabemos de nosotros mismos. En cuestión de dualidad, parece ser que la aceptación, la tolerancia y la paciencia con estos descubrimientos de lo que en verdad somos son la clave para una vida más auténtica y equilibrada.

En eso estamos.

Publicado por Mar Márquez

 

 

 
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