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Lunes, 01 de Septiembre de 2014 07:18

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Nuestra Percepción de la Realidad

Cuentan que a un oasis llegó un joven, tomó agua, se aseó y le preguntó a un viejecito que se encontraba descansando:

¿Qué clase de personas hay aquí?

En vez de responderle, el anciano le preguntó:

¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

"Oh, un grupo de egoístas y malvados" replicó el joven.

"Estoy encantado de haberme ido de allí".

A lo cual el anciano comentó: "Lo mismo habrás de encontrar aquí".

Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó:

¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta:

¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?

"Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado".

"Lo mismo encontrarás tú aquí", respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo contestó:

Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí.

Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá.

 

 


 

 

Y tú, ¿cuál es tu actitud al juzgar a las personas que te rodean y las situaciones que vives?

¿Permites que tus prejuicios y el pesimismo controlen tu vida?

Hemos aprendido, desde pequeños, a enfocar nuestra atención en ciertos aspectos, ignorando otros que también están presentes, lo cual puede causarnos grandes problemas y un gran sufrimiento.

Es importante aprender a desarrollar nuestra objetividad, recordando las palabras del poeta Ramón de Campoamor y Campoosorio: nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira.

 

 

 
AMESA - Associacio Ment Sana Alcasser (Valencia)