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Sábado, 18 de Junio de 2011 04:56

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Responsabilidad y Libertad

 

Todo lo que hago es responsabilidad mía. Es mi responsabilidad el estar en donde estoy con quien estoy y en la manera en la que estoy. Es parte de mi libertad. Porque yo elijo libremente dónde voy, con quién estoy y el modo en el que estoy. Otra cosa es que esté condicionado, otra cosa es que los miedos me paralicen y no sea capaz de elegir lo que realmente quiero. Pero entonces ese es mi problema, no el de la persona que está a mi lado.

 

Si, por miedo, cedo mi poder personal a la persona que tengo a mi lado, es mi responsabilidad recuperar mi poder y si no lo hago tendré que asumir las consecuencias. Pero asumir no quiere decir resignarse, ni quiere decir estar quejándose continuamente por lo que la otra persona no me da lo que yo deseo. Asumir quiere decir que soy consciente de que estoy en donde estoy por mis miedos, pero que se que si quiero avanzar tendré que trabajar para superar mis miedos.

 

La libertad consiste en ser capaz de elegir entre lo que es posible para mí y hacerme responsable de mi elección. Tendré que elegir qué hago. Eligir con mis limitaciones, con mis miserias, con mis ignorancias, con todo lo que sé y aprendí, con todo eso, tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar. Tendré que conocerme más para saber cuáles son mis recursos. Tendré que quererme tanto como para privilegiarme y saber que ésta es mi decisión. Y tendré entonces algo que viene con la autonomía y que es la otra cara de la libertad: el coraje. Tendré el coraje de actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio.

 

Si voy a ser auto-dependiente, de verdad, si no me voy a dejar manipular ni siquiera un poquito, es probable que algunas de las personas de mi lado se vayan... Quizás alguno no quiera quedarse.

Habrá que pagar ese precio también.

 

Cuando uno decide hacer algo con otra persona voluntariamente tiene que darse cuenta que hace eso con el otro no por el otro.

Porque si hago cosas por el otro eso quiere decir que me debe algo.

Y si el otro hace algo por mí, también yo le debo algo.

 

Es mejor hacer las cosas con el otro porque así lo deseo, sin dependencias, sin deudas. ¿Cuántas maletas de deudas impagadas y pendientes cargamos en nuestras espaldas?. Actuemos en libertad, sin miedos. ¿Qué es lo peor que nos puede ocurrir si actuamos realmente con libertad? A lo más, que a las personas que nos rodean no les guste nuestra forma de actuar. No más. Nada más.

 

El miedo a quedarnos solos nos paraliza. Pero ¿hay algo peor que no hacer lo que uno realmente desea? ¿Cuánto rencor y amargura se acumula cuando actuamos así?

 

Pero parece que a veces el miedo no es más que una disculpa para no avanzar. Que nos aferramos al miedo, no porque nos de terror las consecuencias que tendría actuar con libertad, sino porque estamos tan a gusto al lado del miedo, que no queremos desprendernos de él, aunque nos haga sentirnos mal. Hemos invertido tantas horas, tantos esfuerzos a su lado, que ya es como una parte de nuestra piel. No nos parece bien desprendernos de él ahora, tras tantos años pasados a su lado.

 

Es como esas relaciones adictivas y negativas de las que no nos desprendemos porque después de haber invertido tanto en ellas, nos parece peor quedarnos sin ellas que aguantar todo.

 

 

 

 
AMESA - Associacio Ment Sana Alcasser (Valencia)